La verdad del Ser (Lakshmi Devi)

Recuerdo claramente el día que conocí a mi maestro Premananda Deva. Era el 3 de mayo 1994 y yo estaba en un pueblo tibetano en la India llamado Mcleod Ganj (Dharamsala). Los días previos había escuchado de un maestro que ofrecía sus enseñanzas en un lugar llamado: The Rising Horizon (el horizonte ascendente). Llevaba seis meses recorriendo India, escuchando sabios y visitando lugares sagrados. Así que sentí curiosidad y fui a verlo.

Cuando llegué quedé impresionada. Era un hombre mayor, de gran tamaño y su presencia era fuerte, calma y a la vez delicada. Luego de escucharlo conversar con otros, comencé a hacer preguntas y a entablar un diálogo. Fue tan generoso y paciente que sentí que ese encuentro sería el comienzo de una amistad grande. Después de esta primera experiencia continué teniendo encuentros con él, usualmente en un lugar desde donde se contemplaba el majestuoso Valle Kangra y las montañas nevadas de los Himalayas.

Su compañía me inspiró a conocer la profundidad de mi Ser y la existencia. Su manera de ser era fascinante, hablaba sobre el camino espiritual y la vida sagrada con conocimiento, fluidez y sencillez, y lo más significativo para mí, con humor y felicidad. En mi travesía había conocido varios representantes de caminos espirituales, pero pese a su conocimiento hacía falta una liviandad, dicha y gozo interior. Era occidental y había estudiado por más de tres décadas las filosofías de oriente. Por ello, podía expresar a mi mente occidental la complejidad y hondura de la sabiduría oriental, y además sabía exactamente qué aspectos psicológicos específicos de occidente debía trabajar para mi crecimiento. Luego de algún tiempo de conversaciones e insistencia fui aceptada como su estudiante. Esta relación de amistad y guía se extendió por quince años, hasta su fallecimiento en 2008.

Durante el tiempo al lado de mi maestro y después de una década acompañando personas de distintas latitudes, he llegado a la certeza de la importancia de descubrir de La Verdad del Ser como un fundamento de la transformación.

La búsqueda de la verdad y su fuerza reveladora actúan como una alquimia que produce experiencias luminosos y una vida con sentido.

Como se ha planteado desde hace centurias en diversas tradiciones, tras el proceso de claridad sobre la esencia del ser se comprende la facilidad de perderse en las ilusiones de uno mismo y la existencia (maya, en sánscrito). Las semillas de la verdad nos ayudan a distinguir entre las ilusiones y la verdad esencial, para posteriormente apreciar el juego cósmico (lila, en sánscrito).

En la poderosa metáfora de La Caverna, incluida por Platón en La República, se hace referencia al proceso de distinguir lo real de lo ilusorio. En la alegoría, unos seres humanos viven en una caverna, están encadenados desde su nacimiento y solamente pueden ver una pared enfrente de ellos donde ven unas sombras. Detrás de estas personas hay un muro, más una hoguera y, finalmente, la salida de la caverna. Entre el muro y la hoguera pasan hombres llevando figuras que simulan la realidad.

Los seres encadenados, con su limitada perspectiva, creen que están observando la verdadera realidad cuando sólo ven sombras. El relato continúa y uno de los hombres consigue liberarse de las cadenas. Lo encandila la hoguera, ve las formas que dan origen a las sombras, luego va a la salida, aprecia las formas del mundo y finalmente “el Sol y lo que le es propio” (La República, 516b). El sol representa la fuerza de la verdad y gracias a la suma de realizaciones el ser humano comienza a vivir en la realidad, identificarse con la fuente y la esencia de las formas.

Esta alegoría es pertinente para nuestro Mundo de la Consciencia de Deleite Profundo. Identificaremos ilusiones y verdades de nuestro Ser y el mundo. También mediante nuestras observaciones, análisis y reflexiones descubriremos una consciencia sagrada interior que espera ser liberada. Para alcanzar este objetivo propongo un camino que nos llevará cuatro estados: Percibir, Comprender, Descubrir y Saber.

En el estado de Percibir aprenderemos sobre tres movimientos de la existencia (Gunas, en sanscrito): Tamas, Rajas y Sattva. De acuerdo con esta perspectiva, la existencia estaría sujeta a estas tres cualidades. Tamas es la inercia, Rajas es la acción acelerada y Sattva es el equilibrio. Esta forma de entender nuestra naturaleza será una herramienta de diagnóstico para comprender los péndulos mentales, emocionales y físicos entre los cuales nos movemos. Buscaremos la conquista de los altibajos y trabajaremos para vivir más en estados de Sattva, equilibrio e igualdad.

En el estado de Comprender identificaremos la dualidad de nuestro Ser, con el propósito de unir la consciencia con la verdad. Tenemos en nosotros dos seres: el Ser profundo y el Ego. El primero es la parte auténtica, real, espiritual de nosotros. El Ego es nuestra sombra y habita en la superficie. Detectar las dos partes será un arte fundamental en nuestro camino y desarrollaremos la capacidad para diferenciar sus tonos, movimientos e intenciones.

En el estado de Descubrir invocaremos nuestra voluntad luminosa, que es una chispa del fuego sagrado universal. En este proceso de transformación es primordial invitar nuestra voluntad para vencer los obstáculos y perseverar. Este es el momento del encuentro con el guerrero interior, un arquetipo poderoso que nos permitirá acceder a nuestra fortaleza innata. Respiraciones, meditaciones y prácticas nos conducirán a conectaremos con el fuego interior, para que su llama nos alumbre durante nuestra aventura.

En el estado de Saber experimentaremos la técnica filosófica de preguntar “¿Quién soy yo?” (Nan Yar, en sanscrito), difundida por el gran maestro Ramana Maharshi. Mientras este yogui vivía en una cueva, en silencio, escribió a un discípulo este proceso de autoindagación. El valioso método consiste en dirigir la consciencia detrás de los pensamientos y, específicamente, detrás del primer pensamiento del yo.

El Mundo de la Consciencia nos lleva hacia la esencia de nosotros mismos. Es una parte fundamental para lograr vivir en la Verdad. Es la fundación para el florecimiento del Deleite. Cuando estamos conscientes de nuestros movimientos, dualidad, fortaleza y conexión con lo sagrado, nos conectamos con algo real y conquistamos los espejismos de la consciencia y la vida. Con el acto de Estar, la luz de la verdad puede brillar adentro. Esta será la vía para conocer nuestro maestro interior, que nos guiará hacia otro tipo de existencia y hacia metas más elevadas.

Fotografía: Vishnu (Bill Hulse), EE.UU.
2018-08-08T12:14:57+00:00 07/08/2018|