La Creación como ofrenda (Lakshmi Devi)

La maestra francesa Ananda Devi decía: “Tenemos un inmenso poder de creación, y cuando somos capaces de usarlo en toda su dimensión podemos ser conscientes de nuestra divinidad. Constantemente, participamos en el Gran acto creativo, ni por un instante su movimiento se detiene. Nuestra tarea es participar con todo nuestro ser de este flujo y sentir su espíritu creativo viviendo en nosotros, manifestándose a través de nosotros”.

En esta referencia, la Maestra nos invita a concebir la creación como una Presencia activa en nuestra existencia. Además nos insta a emplear este “Gran” movimiento en la vida, como un camino de autodescubrimiento.

Sin embargo, ¿cómo podemos ser conscientes de este Río creativo y qué estrategias podemos emplear para su activación?  Como paso inicial, propongo establecer una alineación con las partes más profundas y armoniosas de nuestra consciencia. En este Mundo de la Creación de Deleite Profundo este proceso tiene dos facetas: en la primera, descubrimos el sentido de perfección en nuestras acciones. Es decir, el entendimiento sobre la naturaleza de nuestros actos y la forma como las llevamos a cabo: su intención, gracia, precisión y destreza de movimientos. En la segunda, exploramos qué acciones merecen recibir nuestra atención, cuáles son las mejores formas de llevarlas a cabo y cómo contribuyen a la vida de otros. En este ámbito se integran sentido, innovación y servicio.

Cuando nos acercamos a un camino de autodescubrimiento y reconocemos la importancia de la meditación, un comentario común es que “no tenemos tiempo” para la práctica. En este Mundo de la Creación aprendemos la forma de integrar la riqueza de la meditación y sus diversos estados en la vida, hasta alcanzar una existencia meditativa. Con múltiples métodos descubrimos que vida misma puede ser un vehículo para nuestra transformación.

En nuestra travesía de Deleite Profundo, nos concentramos en la unión de tres áreas de desarrollo del ser: el cultivo de la relación con nosotros mismos; el vínculo con lo que consideramos sagrado, y la incorporación de estos dos estados en la vida.

Con la primera faceta, la vida activa se convierte en el escenario donde desarrollamos nuestra presencia y consciencia. Con la valiosa ayuda de nuestro observador interno, podemos comenzar a comprender quiénes somos, con nuestros pensamientos, sentimientos, motivaciones, palabras y movimientos. En otros términos, permitimos que emerja de nosotros un diagnóstico de nuestra naturaleza mientras seguimos creando. Esta aproximación no busca la recriminación, se orienta hacia un proceso de autoperfeccionamiento. Nuestra motivación es la creación de Actos Liberadores; es decir, mientras actuamos vamos ajustando y adoptando un espíritu más verdadero y auténtico, con calma interior y dinamismo exterior. En este camino, cada pequeño acto constituye, mediante la consciencia y el perfeccionamiento, una oportunidad para manifestar maestría y flujo del vivir.

En la segunda faceta de creación analizamos qué acciones pueden combinar nuestros talentos con nuestra visión de contribuir a un mundo mejor. Esta aventura tiene como propósito crear actos e iniciativas que representen nuestro dharma (en sánscrito), entendido por el pensador Sri Aurobindo como: “Un ideal que elegimos y manifestamos en la vida”.

En nuestra travesía de Deleite Profundo, nos concentramos en la unión de tres áreas de desarrollo del ser: el cultivo de la relación con nosotros mismos; el vínculo con lo que consideramos sagrado, y la incorporación de estos dos estados en la vida. Es en el momento presente, en la vida misma, donde estas tres relaciones cobran importancia. A través de su desarrollo podemos descubrir nuestro lugar en el mundo y el sentido de nuestra vida.

Durante los quince años de estudio con mi maestro Premananda Deva viví un entrenamiento integral. Incluía el trabajo interior, las técnicas esotéricas de meditación y el aprendizaje de filosofías orientales, al tiempo que escuelas del pensamiento occidental. Pero sin lugar a dudas, el ámbito donde recibí más guía para la transformación de mi ser fue en la vida.

Mi Maestro, con su ejemplo, consejo e instrucción, me reveló aquellas partes de mi ser que debía atender; me guió hacia el proceso de observación y conquista, y me inspiró a realizar las acciones con mis mejores capacidades, con sentido de perfección. Al mismo tiempo, me enseñó sobre la importancia de ser amable conmigo misma y aceptar que continuaría teniendo acciones imperfectas. Poco a poco, aprendí a estar más presente, a observar mi Ser en acción, a cultivar la perfección en la labor y a dirigir mi voluntad hacia propósitos más elevados.

El gran horizonte es convertirnos en creadores de una vida luminosa, para ser una ofrenda y un canto a lo sagrado.

Este entrenamiento de la consciencia nos revela cómo un acto sencillo puede conectarnos con una presencia de lo sagrado en la vida y crea una experiencia de dicha. Esta visión nos inspira a buscar oportunidades para servir a los demás, con intenciones altruistas que beneficien a “todos los seres sintientes” (en palabras de los budistas tibetanos).

Con la observación de nuestras acciones, la búsqueda de perfección y la fluidez que surge de la unidad interior, tendremos la posibilidad de convertir la vida en un símbolo de ideales bellos, amplios y brillantes. El gran horizonte es convertirnos en creadores de una vida luminosa, para ser una ofrenda y un canto a lo sagrado.

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En el Mundo de la Creación aprendemos cómo actuar desde lo más hondo de nosotros y exploramos cómo crear acciones alineadas con nuestras motivaciones profundas. Para ello, transitaremos por cuatro estados: Perfeccionar, Ofrecer, Dirigir, Expresar.

Perfeccionar

Cuando hacemos el pacto de hacer de las acciones una meditación, a través de la observación, podemos convertir la vida activa en una experiencia transformadora. Estas expresiones se convertirán en Actos Liberadores y nos permitirán la unión de la mente y la acción. El objetivo es guiar la mente hacia una sola dirección, conectando el exterior con nuestro interior.

Dirigir

Con un sentido de perfección en la ejecución de cada labor, por pequeña que sea, poco a poco tomamos consciencia del espíritu detrás de la acción. Será necesario imprimir cualidades como la lentitud, la gracia, la belleza y el amor. Este proceso no sólo nos guiará hacia un mejoramiento continuo y un eventual dinamismo, sino que convertirá nuestros actos en una extensión de nuestro Ser profundo.

Ofrecer

Cuando despertamos empatía y compasión por los demás, el siguiente paso es el altruismo. En este ámbito es necesario indagar sobre nuestras motivaciones profundas (conectadas con nuestra bondad esencial) y visualizar los actos que podrían expresarlas. Una hermosa paradoja sobre las acciones para servir y cuidar de otros, es que pueden despertar un deleite profundo en nosotros.

Expresar

Con la visión de servir y expresar con otros, podemos activar procesos creativos, donde sintamos inspiración y cocreemos para transformar realidades. Este último estado nos guía a celebrar la singularidad de cada ser y al mismo tiempo explorar nuestra capacidad colectiva para crear ideas y acciones innovadoras.

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Cuando apreciamos la vida activa como nuestra aliada en el proceso de la transformación, vemos que cada momento es una oportunidad para profundizar y elevar nuestra consciencia. Al unirnos con la presencia del Río de creación y aclarar nuestra visión, podemos ser parte activa de la solución para mejorar el mundo.

Con una consciencia despierta y nuestros actos dirigidos al servicio de otros, podemos fluir con lo sagrado y sentir el impulso natural de crear en la vida. Una forma de saber cuándo navegamos en este Río de la creatividad es la experiencia de un Deleite en la mente, el corazón y la acción.

Fotografía: Vishnu (Bill Hulse), EE.UU.
2019-05-20T09:35:33+00:00 19/05/2019|